Era el sábado 16 de febrero de 1991. Una detonación acabó con la paz de quienes estaban en la plaza de toros La Macarena, en Medellín, Antioquia. Pablo Escobar Gaviria
ordenó activar un carro bomba, cargado con 200 kilos de dinamita.
“El carro se echó para atrás, a mí me rompió una parte del vidrio porque la onda siempre nos alcanzó porque estábamos casi subiendo”, recuerda el periodista César Mesa, una de las víctimas del atentado y el primer reportero en llegar al sitio. “Lo que escuchamos fue un boom, un bombazo”, agregó.
Arribó al sitio sangrando y cuenta que lo que vio “fue puros muertos ahí tirados y pedazos de personas, vehículos encima de otros quemándose, carbonizándose, gente gritando, todo el mundo corriendo, policías heridos”.
Edison Vanegas, expolicía, escritor y director de cine, dice que “hay que tener en cuenta que ese primer bombazo lo recibió un bus con funcionarios de la Policía, pero, por ende, al ser un escenario público, había cientos de personas a su alrededor”.
Paula Jiménez, una víctima de la bomba de Pablo Escobar, contó que “al llegar a la casa escuché el estallido, pero no sabíamos dónde era. Por ahí unos 10 minutos después de llegar a la casa nos llamaron y nos dijeron que había sido en La Macarena, que era donde se encontraban mis padres en ese momento”, Danilo Jiménez y su esposa Gabriela.
Danilo y su banda musical amenizaban la corrida de toros. Él y su pareja resultaron heridos y, con dificultad, este hombre de 85 años habla de las secuelas del atroz acto terrorista del Cartel de Medellín.
Este sobreviviente quedó con problemas visuales, de “olfato, el oído, todo lo concerniente al humano, no puedo caminar bien, tengo todavía esquirlas” y “tengo problemas para escribir, para leer”, explica.
Su hija detalla que una de las esquirlas quedó incrustada en la cabeza de su papá, “le queda pegada del cerebro y por eso le tienen que retirar la masa encefálica, entonces esa fue la operación que le hicieron toda”.
La tragedia de la familia Jiménez pudo ser peor si Gabriela, esposa de Danilo y madre de Paula, no hubiera sido encontrada después del estallido.
Su hija relató que a ella “la encontraron en la madrugada, muchas horas después, porque un sobrino de ella estaba haciendo el internado de Medicina en el Hospital San Vicente y él viendo que no aparecía por ningún lado se fue para el anfiteatro del hospital”.
Gabriela “tenía los pies destapados y entonces él le reconoció los pies, le tocó la mano y le dijo que era Carlos, el sobrino, y le dijo que si lo escuchaba que le apretara la mano y ella se la apretó”, narró Paula.
Sin embargo, la señora Jiménez falleció unos años después. Su esposo Danilo afirma que fue a raíz del carro bomba de Pablo Escobar, por el que murieron 27 personas, 10 de ellas policías, y 60 ciudadanos más resultaron heridos.
César Mesa, que reportó el hecho para el Noticiero 24 Horas, dice que fue una de las experiencias más duras de su carrera, “porque son seres humanos y ver lo que se encontró ahí, pedazos, personas con el cráneo afuera, es muy duro”.
La historia de estos protagonistas también quedó hecha pedazos por cuenta de uno de los más sanguinarios ataques de Pablo Escobar y con el paso del tiempo tuvieron que ser resilientes para reconstruir sus vidas, sus familias y seguir adelante.
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